sábado, 14 de mayo de 2011

El árbol viajero



Primero me llegó su olor y una inmensa ternura me invadió al comprobarlo. Floreció el arbolito de Ylang-Ylang que sembramos en nuestra casa. ¡Qué arbolito tan valiente ese! Desafiando la falta de agua y el suelo arenoso en donde está sembrada, nos regaló sus primeras flores, como siempre, escondidas en el follaje, pero delatadas por su fuerte olor dulce. Floreció el día de las madres, cosa que fue una linda casualidad. Mi mamá me trajo la madre de esa mata de República Dominicana. Llegó de viaje con una maleta gigantesca y muerta de la risa me dijo que me traía un regalo. Cuando la abrió salió el tronco de un arbolito con maceta y todo y yo no podía del asombro. Claro, ella no se imaginó nunca que traerse una mata en la maleta es ilegal, y nadie sospechó de su cara de lapona inocente. En ese momento vivía yo en Lara y allá lo sembré, el arbolito viajero. Tuve suficiente tiempo para disfrutar muchas de sus floraciones. Llenaba mi casa de su olor y la vecina se quejaba y me pedía que lo cortara, no soportaba su dulzura.

Al mudarme a Margarita me traje unos hijos de aquella mata inmigrante y los sembramos en nuestra casa de tierra, sobrevivió una sola que ahora ya sobrepasa los dos metros de altura.

Este árbol extranjero, me hace reflexionar sobre los movimientos. Estoy a punto de moverme de Margarita hacia el norte y he tenido un montón de dudas y angustias desde que tomamos la decisión. Dejar la casa que hemos construido con tantos sueños e ilusiones, moverse de la cultura propia hacia otra con otro idioma, dejar a los amigos y gente querida. Entonces recuerdo algo que yo misma digo con cierta frecuencia, soy una persona, no un árbol, tengo piernas, no raíces, por lo que caminar es lo mas natural del mundo.

Siempre hay excepciones a todo, allí está mi Ylang-ylang, un árbol viajero que va echando raíces de generación en generación en distintos sitios. Y así es mi familia, viajera, migrante, un poco de aquí y un poco de allá y echamos raíces, pero sabemos recogerlas y viajar. Al mejor estilo del Ylang-ylang.

4 comentarios:

Diseños perlas y piedras dijo...

Hay Mi corazon.. yo como tu no se cuando parare de moverme, estas lineas me llegaron muy dentro de mi ser, una por que me entero que decidieron viajar al norte y sera duro no verlos y compartir con ustedes que son parte de mis amores mas importantes. Bueno mi amor la vida es cambio y fluir, no lo sabre yo que he sido una gitana permanente, cuando llegue a Margarita pense que era el puerto definitivo y no.. la vida me dio otra sorpresita.
Los amo... hermoso escrito
Un abrazo

Luisa Elena Sucre dijo...

Hermosa y sentida reflexion prima querida... estoy segura que donde quiera que estés, seguirás floreciendo con tu arte y tis afectos. TQM

Artista Plástico dijo...

Amiga por lo general el miedo nos acecha cuando en nuestra vida se acerca un movimiento que viene a cambiar muchas cosas en nuestro entorno familiar, allí es donde radica el valor de las personas en saber aprovechar esos cambios.
Estoy segura que tu lo asumirás de una manera creativa y positiva y tus frutos se verán en el tiempo igual que tu arbolito viajero.
Te deseo mucha suerte en ese viaje!

Miriam dijo...

si queridísima amiga, maravilloso cuando una siente que seres como tú, y tu familia toda, recogen sus raíces y van sembrándose en otros suelos, en otras tierras; pero que como ese árbol que originó tu reflexión, dejarán siempre su dulce perfume en los que tenemos la dicha de conocerlos y que en las idas, venidas y re vueltas, esos perfumes se renuevan se enaltecen y se reconstituyen.