lunes, 14 de noviembre de 2011

Mañana

Mañana es una palabra llena de promesas, que suelo mirar con desconfianza. Mañana es esperanza, esa que me había prometido no sentir porque estoy enferma de optimismo y vivo surfeando sobre imposibles. Pero hoy no puedo vivir sin mañana. Hoy respiro mañana, sueño mañana. Mañana es una palabra llena de amor. Mañana sabe a beso, a reencuentro, a corazón saltando. Mañana finalmente mis ojos lo alcanzan de nuevo y mis manos vuelven a tomar las suyas. Mañana llega mi amor. Salta el mar y el pedazo de tierra que nos separa y viene a mí, mañana. Mañana es día de alegría. Mañana es el comienzo de otra de nuestras aventuras, esas que juramos vivir juntos. Bienvenido al mañana mi amor, que aquí desde hoy te estoy esperando.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

DIECIOCHO

Hoy hace dieciocho años que comenzaste ese increible viaje desde mi vientre al mundo. Un trayecto corto, pero inmenso por todas las posibilidades que entraña. Hace dieciocho años me estrené en ese incierto y bello destino de madre y tú respiraste por cuenta propia por primera vez, inaugurándote en la vida.

Los meses anteriores fuimos una, el oxígeno de mi sangre te llegaba, indispensable. Te alimentaste de mi cuerpo e hiciste acrobacias acuáticas, pececito inquieto, en ese pequeño mar que me habitaba. Anidaste dentro de mi y yo te sentía allí moviéndote, latiendo al son de tu propio corazón acompañado por el mío. No imagino relación más íntima que esa.

No te puedo decir exactamente lo que sentí al verte por primera vez, fué abrumador, emocionante. De algún modo ya te conocía, pero por otra parte te veía la cara y te tocaba los dedos por primera vez. Tus intensos ojos negros me miraron, inquisitivos. Yo pensé en ese momento que te estabas preguntando si yo estaría a la altura de la labor que estaba por comenzar. Supongo que nunca se está verdaderamente a la altura, es algo que se intenta y se construye todos los días. Sólo se del amor, tan intenso que casi duele, que sentí en ese momento y sigo sintiendo por ti. Ser tu mamá es unos de los retos más bonitos que he tenido en la vida.

Recuerdo claramente cuando yo misma cumplí 18 años. Recuerdo la emoción y la expectativa, todo estaba por comenzar, por hacer. Mi mamá durante mucho tiempo me dijo que para “hacer lo que me diera la gana” tendría que esperar a los 18 años, la mayoría de edad, y yo contaba el tiempo impaciente. Supongo que ella creía que compraba tiempo a mi rebeldía, postponiendo la desilusión. ¡Que desengaño! En Venezuela, a los 18 puedes manejar, beber, comprar cigarrillos, casarte, abrir una cuenta de banco y tener propiedades, pero aún son muchos los años por delante para la independencia, que es lo que permite “hacer lo que te da la gana” con total responsabilidad sobre las consecuencias. Me tomó unos cuantos años más tomar las riendas de mi vida y más aún ser totalmente responsable de mi misma. Mudarnos para EEUU significa una tregua de 3 años para que eso se complete, al menos la parte legal. Aqui solo puedes manejar y viajar (creo que casarte tambien, pero no se), el resto de los deberes y derechos los adquieres a los 21. Legalidades aparte, la mayoría de edad es sobretodo un hito simbólico, está allí para recordarnos que estamos en el camino de hacernos adultos y ese camino es largo. Yo estoy y estaré siempre aqui, contigo de cerca o de lejos, como nos toque en la vía, para acompañarte, para apoyarte, para quererte y para honrar ese bello momento en que te di a luz. ¡Feliz cumpleaños mi amor!

sábado, 2 de julio de 2011

Sotobosque y despedida


Es curioso, casual o no, no se. Cada vez que me mudo expongo en la Galería AZULARTE y además coincide con mi cumpleaños. Es como una conjunción mágica en la que Luciano Gimón, funge de galerista y oficiante de un gran cambio en mi vida.

Esta vez el paso es grande. Me voy más lejos y por lo tanto esta exposición tiene mayores tintes de despedida. Y eso que yo no creo que nada sea definitivo, por lo menos hasta que lo sea. Es decir, todavía no me toca sacar esas cuentas. En cualquier caso, decido ser Ulises y no Penelope y viajar, volver, buscar, quizás de vuelta a Ítaca.

El paso es grande y las circunstancias en las que preparé esta exposición fueron especiales. Sin taller de trabajo, armada solo con lo que tengo a mano, mi inquebrantable voluntad de trabajar, un poco de inventiva y algo de realidad virtual, me tocó (o elegí) preparar una especie de retrospectiva de mis tiempos de ecóloga cuando estudiaba las aves del sotobosque de Guatopo. De allí surge SOTOBOSQUE.

Sotobosque es la palabra científica que designa la parte baja de un bosque. Delimitado por el suelo y las ramas inferiores de los árboles, enmarcado por la repetición vertical de sus troncos, el sotobosque es un mundo fascinante, lleno de luces y sombras, texturas y colores, animales y ruidos.

En ésta exposición, rememoro mi tiempo de ecóloga, pero ya con otros ojos. Inmersa en esa escala humana del bosque y con mirada de artista, me recuerdo pequeña y humilde, asombrada ante el misterio y su belleza.

Las piezas están elaboradas de diversas maneras: acrílicos sobre lienzo, sobre madera, hojilla de oro, de plata y con técnicas digitales impresas sobre lienzo o sobre clear. Transparencias, brillos, ritmos y colores predominan en la propuesta. No intentan un inventario ni una descripción de lo observado, sino más bien una aproximación emocional a lo recordado. De allí su cualidad onírica y sutil.

Espero que me acompañen el domingo 10 de julio a las 11 am en Azularte Galería, en El Hatillo, para la inauguración de esta exposición. Porque no hay mejor manera de celebrar cumpleaños y despedidas, que rodeado de gente querida.

sábado, 14 de mayo de 2011

El árbol viajero



Primero me llegó su olor y una inmensa ternura me invadió al comprobarlo. Floreció el arbolito de Ylang-Ylang que sembramos en nuestra casa. ¡Qué arbolito tan valiente ese! Desafiando la falta de agua y el suelo arenoso en donde está sembrada, nos regaló sus primeras flores, como siempre, escondidas en el follaje, pero delatadas por su fuerte olor dulce. Floreció el día de las madres, cosa que fue una linda casualidad. Mi mamá me trajo la madre de esa mata de República Dominicana. Llegó de viaje con una maleta gigantesca y muerta de la risa me dijo que me traía un regalo. Cuando la abrió salió el tronco de un arbolito con maceta y todo y yo no podía del asombro. Claro, ella no se imaginó nunca que traerse una mata en la maleta es ilegal, y nadie sospechó de su cara de lapona inocente. En ese momento vivía yo en Lara y allá lo sembré, el arbolito viajero. Tuve suficiente tiempo para disfrutar muchas de sus floraciones. Llenaba mi casa de su olor y la vecina se quejaba y me pedía que lo cortara, no soportaba su dulzura.

Al mudarme a Margarita me traje unos hijos de aquella mata inmigrante y los sembramos en nuestra casa de tierra, sobrevivió una sola que ahora ya sobrepasa los dos metros de altura.

Este árbol extranjero, me hace reflexionar sobre los movimientos. Estoy a punto de moverme de Margarita hacia el norte y he tenido un montón de dudas y angustias desde que tomamos la decisión. Dejar la casa que hemos construido con tantos sueños e ilusiones, moverse de la cultura propia hacia otra con otro idioma, dejar a los amigos y gente querida. Entonces recuerdo algo que yo misma digo con cierta frecuencia, soy una persona, no un árbol, tengo piernas, no raíces, por lo que caminar es lo mas natural del mundo.

Siempre hay excepciones a todo, allí está mi Ylang-ylang, un árbol viajero que va echando raíces de generación en generación en distintos sitios. Y así es mi familia, viajera, migrante, un poco de aquí y un poco de allá y echamos raíces, pero sabemos recogerlas y viajar. Al mejor estilo del Ylang-ylang.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

umbral


Se acaba este año con cierto sabor a despedida. Sentada en mi casa de barro, pienso en lo inútil que ha venido resultando luchar contra la entropía en esta isla. Llueve y mi casa quiere ser río. Llueve y en las paredes retoñan las semillas atrapadas, como queriendo señalar el verdadero origen de su sustrato. Llueve y nos sumergimos en el agua real y la imaginaria, esa que enlentece el tiempo y nos imprime miradas asombradas. Llueve y el sueño bonito que construimos se desgaja y volvemos al mundo mojados, desnudos y teniendo que volver a empezar pero lejos, mas lejos. No es que la casa se caiga, ella sigue aquí, bella, orgulloso castillo de barro y amor. Los desterrados somos nosotros.

La vida a veces me cansa. Supongo que es infantil mirar el futuro como si guardara algo para mí. Ya no levanto la mirada. No espero, no añoro, no me ilusiono. Solo vivo, respiro, miro la lluvia, renuncio al sueño, aborto una vida posible. El año se acaba y esto se termina. Pinto mi puerta de azul y hago conciencia de que estamos en el umbral, de salida. Lloro.

lunes, 1 de noviembre de 2010

palabras




Aún teniendo palabras
agolpadas alocadas
detrás de la lengua
decido callar

hace falta mucho silencio
para acallar tanta palabrería fútil
tanto ruido inútil
tanto atronar sin sentido

aún teniendo palabras
y manos
y boca
y conciencia
solo miro
callo

para que no se vea
para no cargar el ruido ajeno con mi queja
para no sumarme al lamento colectivo
para trabajar hacia adentro
que es donde hace falta

aun teniendo palabras
me dedico solo a lo pequeño
a la yema de la planta que crece
a los pollos de mi jardín
a las lagartijas limpiadoras
a las manos de mi amor cuando me ama
a los ojos de mi hija ensimismada
a navegar mi pequeño mar interior
a mirar su horizonte inquieto
que anuncia tormentas

aun teniendo palabras
alocadas agolpadas
detrás de mi lengua

callo.

miércoles, 19 de mayo de 2010

La calle


La calle en que vivo
mas que una calle
es una herida de tierra
que el agua y los bachacos
se empeñan en mantener abierta en lo verde

mas que una calle
es una colección indescifrable
de polvo y piedras
de perros sin amo
y con sarna
de niños que visten sus mejores pieles
y van a la escuela
de la vida

de chismes que se sientan en la acera
a tejer sus historias reales
e inventadas pero siempre de otros
para matar el tedio
la pobreza

En la calle en que vivo
hay putas que donan su trabajo
policías que roban por las noches
albañiles que esperan y esperan
familias que viven exclusivamente
de los números que compran los viernes
maestras que venden bambinos
fiscales de tránsito peatones
niños sin padre
madres que son niñas
madres muchas madres
pero muchos mas niños

En la calle en que vivo
muy cerca de mi casa
hay un club social y deportivo
donde el único deporte que se practica
es el de empinar el codo
y alguno que otro botellazo
sillazo
puñalada grito y trancazo
dado deportivamente

las mujeres se pelean con las uñas
los hombres a tiros
los niños gritan
los perros ladran
la policía toma cerveza
y el vallenato inclemente sigue sonando
sonando sonando

La calle en que vivo
se parece a cualquiera
no falta el saludo la sonrisa
el juego de chapita
el papagayo volando
los mangos y aguacates robados
la arepa pasada por encima de la cerca
los sancochos comunitarios

La calle en que vivo
mas que una calle
es una ristra de gente sencilla
estupefacta
que ve pasar la vida
sentada en la acera
esperando que la cosa mejore

en esta calle de tierra piedra y perros
como cualquier otra.



Agua Viva, Julio 2003

martes, 1 de diciembre de 2009

Amor on/off


El amor, en mi opinión, es una función binaria. Lo es todo o no es nada. Me cuesta mucho pensar en un gradiente de amor. Mayor que, menor que, en términos matemáticos o peor aún: porcentajes (te amo al 30%). Pero hay que reconocer que el tema es complicado, complejo al menos. Soy de la escuela de la fierecilla domada de Shakespeare (no por la obediencia ciega, sino por la confianza): yo lo amo tanto que si me pidiera que pasara la lengua por el suelo, lo haría sin dudar, por otro lado puedo vivir tranquila, pues yo se (estoy segura) de que me ama tanto, que no me lo pediría (a menos de que fuera cuestión de vida o muerte, en cuyo caso lo haría sin titubeos y vuelta al comienzo).
En estos días me ha tocado lidiar con los bordes filosos de amor y todos tienen que ver con esa doble vía: dar y recibir (y el fantasma que la persigue: las expectativas). Es un frágil equilibrio en el que me desbarranco con facilidad. Afortunadamente para mi, no me ocurre en la pareja, sino en la amistad.
Sufro de empatía, y en mi caso es una especie de compulsión que debería controlar, pues me quito con excesiva facilidad mis propios zapatos para ponerme los ajenos aunque me queden grandes (o peor aún, pequeños). Doy con mucho más facilidad que recibo. Mi terapeuta me dice que debo medir lo que doy, pues soy una desmedida y corro el riesgo de quedarme vacía. Podría pensarse que no recibo con naturalidad porque les tengo pavor a las deudas afectivas, pero no es así. A lo que verdaderamente temo es a la desilusión, si el que da cree que crea una deuda al darme, ya me desilusiono, pues yo no funciono así, la manipulación me da flojera. También podría explicar que mi mamá me repitió infinitas veces cuando era chiquita que soy la persona más egoísta del mundo, pero es tonto pasarse la vida tratando de probarle a tu madre que está equivocada. Por lo pronto voy sacando mis propias conclusiones: no pido nada que no esté dispuesta a dar…esa la tengo fácil, pues dar es lo que me es natural. Pedir sólo lo que uno sabe que el otro puede dar es sensato y considerado. Me parece que debo empezar a dar sólo lo que estoy dispuesta a pedir…ya la cosa se pone mezquina y empiezo a arrugar la nariz. Pero ya me enredé. Si para dar hay que sacar tantas cuentas, medir, planificar y calcular, boto tierrita y no juego más. Las matemáticas me apasionan pero en el plano estrictamente abstracto. Mejor aún: sigo jugando y me sacudo el polvero cuando me desbarranque por ahí.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Controlando




5:45 am. Me levanto con cierta flojera pues se que desde hace tres días no hay café en la casa. El síndrome de abstinencia me golpea mientras preparo un pobre sustituto: té verde (que me encanta en si mismo no como sustituto del café). Le llevo una taza humeante a Tadeo a la cama y cuando lo despierto, nota inmediatamente (de manera olfativa pues no abre del todo los ojos) que no le traje café sino té y lanza un quejido adolorido….otra mañana sin café.

Definitivamente el café es una droga a la que soy adicta, además del chocolate. Y por fin se lo que es “controlar”. Mi hija me mira con asombro cuando me paro en cada bodega y pregunto esperanzada: ¿hay café? En todas me miran con sorna.

He comprado los sustitutos químicos infames, que quisieran en alguna vida pasada haber sido café. He pagado hasta 631% su valor, como quien compra una sustancia ilegal. Los amigos nos llamamos por teléfono…¿conseguiste? ¿me mandas un poquito?. He desarrollado un olfato especial para seguir rastros de café recién colado. Practico la paciencia infinita sin pensar en pasado mañana, 100 gramos a la vez, la tasa a la que “controlo” café en una panadería, cuando la dueña se siente benevolente.

Dicen que la gente se acostumbra a todo. Es un pobre consuelo cuando el mundo se me pone chiquito y me muevo cada vez más liviana pero con creciente dificultad.
¿será la falta de café la gota que derrame la taza?...por ahora no…creo. Sigo en control.

jueves, 25 de junio de 2009

Sin esperanzas




Imagino que ya se habrán dado cuenta de que estoy deprimida. No me voy a poner aquí a detallar las razones (y menos aún las sinrazones) por las cuales lo estoy sino más bien describir algunos descubrimientos en este proceso. Estar deprimida me ha obligado a mirarme con lupa, y las lupas no son generosas con lo que muestran. De hecho hasta deforman un poco la “realidad”.
Mi tristeza me genera un monólogo interno constante que llega a ser fastidioso. Es como tener a una quejica llorona y miedosa metida adentro y no poder exorcizarla. La depresión se parece a un claustro monástico. Solo que Dios no existe o me ha abandonado, que al final es lo mismo. La depresión es atravesar el infierno, como ya lo dije antes. Y lo peor de todo es que la depresión genera culpa. En uno mismo y en los que nos rodean, cosa que no ayuda, por supuesto.
Lo bueno de haber tocado fondo y el fondo que yo he tocado es como de limo y no parece tener a su vez fondo sólido (me recuerda el fondo de una laguna en la que me bañé en alguna vida en el Delta del Orinoco), es que tuve que pedir ayuda. Y pedir ayuda me ha salvado. Ese instante de agarrar el teléfono, (al darme cuenta de que tengo semanas que no salgo, que no quiero ver a nadie y que miro la pantalla de la computadora como si me fuera a dar una respuesta), y llamar a mi amiga del alma y llorarle, moquearle y contarle lo que me pasa, me salva de la más pavorosa de las sensaciones de la depresión: la soledad. En ese acto que denota (diría Bryce Echenique) unas enormes ganas de vivir, conjura de golpe toda la soledad y la convierte en puente. Se rompe el pudor, que es el escudo de los deprimidos, y lo que sale es dolor puro. Y el diagnóstico, claro, ni lo necesito. Estoy deprimida. Mi amiga desde el otro lado del teléfono, me sirve de terapeuta, aunque es mucho más que eso. Es como mi hermana, esa que escogí en la vida. Un ser a quien me une un amor grandote y viejo. Hemos vivido muchas cosas juntas, incluso de lejos, pero siempre juntas.
Ahora, a pesar de Platón, mis mañanas tienen un color rosado intenso y comprimido. Que me perdone Marinoff. Que me disculpen la religión y todos los libros de autoayuda sobre el planeta. Me estoy reconciliando con el rosado, yo que siempre lo detesté por ser el resumen de un cliché.
Hay algo de entrega en mis mañanas de rosa. Mucho de humildad. Recupero poco a poco lo perdido. La sonrisa, el agua del mar en mi piel, el beso de mi amor, el sabor del chocolate, la risa de mis hijos, la luz de la mañana. El placer de lo cotidiano, la belleza de los tomates y hay como una iluminación. De pronto comprendo todo y sonrío. El mundo se convierte en oráculo y todo tiene sentido. Los libros me hablan o resuenan sus ecos dentro de mí y me señalan, sabios, mis heridas de mentira. Comprendo que vivir como loca esperanzada es mi perdición.
Vivir con esperanza me ha forzado a vivir en el futuro. El futuro es inasible, nunca llega. Siempre está más allá y la esperanza me ha mantenido andando en pos de él. ¡Que cansancio, carajo! El ahora se pierde en esa persecución y en la noche el vacío es enorme. Me da un poco de risa…el prozac me ha brindado la oportunidad de vivir el estado budista del eterno presente. Pegada en el instante que corre tengo la oportunidad de disfrutar. El tiempo pasa mas lento así. Por eso estoy practicando vivir sin esperanzas. Creo que ya no la necesito….eso espero…

viernes, 22 de mayo de 2009

Cara B



La tecnología tiene sus cosas buenas, pero también acarrea ciertas pérdidas. Los CD tienen un solo lado y extraño un poco el lado B (y otra vez Drexler me da la razón) de los discos de 45. Uno compraba esos discos porque determinada canción le gustaba y en vez de comprar un LP, de manera más expedita escogía la canción que quería escuchar. Pero resulta que esos disquitos negros, como de comiquita, tenían una cara B. De ese lado, inevitablemente unido a la A, había otra canción, de la cual nunca había escuchado ni el nombre. Casi siempre esa me gustaba más que la que había elegido inicialmente. Así, una estrategia de venta de las disqueras de rarezas musicales y rellenos poco probables me develó una cuestión filosófica. Del otro lado de la Cara A siempre hay una B y siempre es improbable, poco popular, rara, emocionante, misteriosa. Descubrí la otra cara de la vida, esa que me permite ser y que me ofrece una alternativa a lo que mastica la mayoría ciegamente. Así que prefiero vivir del lado B de la vida, aunque ya no existan los discos de vinil.

martes, 21 de abril de 2009

El amor y los tomates




Todos los días, al finalizar su jornada de construcción, Tadeo trae a casa una bolsa de hielo (o un vaso plástico) lleno de tomaticos silvestres. Este pequeño gesto cotidiano despierta en mí una avalancha de emociones, que parecen desproporcionadas si se miran objetivamente. Afortunadamente no siento la obligación de ser objetiva.
Los tomates son bellos y agradezco a Drexler su oda, pues refuerza esto que escribo. Estos en particular son pequeños munditos perfectos, rojos y pulidos cuyo resto de cordón umbilical verde despelucado resulta un toque de locura. Preñados de semillitas, estallan, no se cortan al contacto con el cuchillo, soltando una dulzura que sólo un tomate que crece por su cuenta y en perfecto desorden puede tener. Resulta asombroso el hecho de que estos tomaticos son mas grandes por dentro que por fuera.
Todos los días les hago fiesta a los tomates, los cocino en pericos y en Ratatouille, los pongo en ensaladas y en sándwiches, pero lo que más disfruto es el ritual de recibirlos, ponerlos en el colador metálico, sonreírles, lavarlos, quitarles su peluca verde y ponerlos en un bowl azul añil, que los hace ver simplemente hermosos. Y claro, en el proceso me como algunos y comer un tomate que crece en el terreno donde se construye nuestro hogar es la cosa más coherente y sencilla que he hecho en los últimos tiempos. Hincarle el diente a un tomate que la persona que amo y me ama recoge todos los días para llevarla a casa, desata placeres insospechados. Estalla dentro de mí una alegría redonda y perfecta, como el amor, como los tomates

martes, 7 de abril de 2009

atravesando el infierno




Atravesar el infierno con los ojos abiertos es como estar caminando en el ojo de un huracán, o por lo menos así lo imagino. Hay cierta calma allí. Todo vuela y se despedaza alrededor, se sabe que hay mucho ruido. Pero caminando allí, nada de eso importa. No sirven los aspavientos ni las angustias. Nada de eso es relevante. Hay un silencio falso, una quietud peligrosa y sobre todo mucha, mucha soledad.


La soledad de este viaje es abrumadora, pero absolutamente necesaria. No hay compañía posible en este infierno, porque está dentro de mi. En ese sentido difiero de Sartre. Y el viaje de la vida, el único viaje real que es el de viajar al centro de uno mismo, es un viaje solitario.

Lo bueno de atravesar el infierno con los ojos abiertos, es que los monstruos imaginarios (todos sabemos que esos son los peores) no aparecen. No es que los reales (si es que algo asi existe realmente) sean risibles, pero si los miras no hay sorpresas, no te toman por asalto.

La única protección posible en ese infierno es la humildad. No sirve la fuerza de voluntad, no sirve el combate, no sirve la razón. Después de todo, nada es importante a la luz de la propia mortalidad. A las puertas de la muerte (y de su otra cara, la vida) no hay certezas, no hay verdades no hay temores que valgan. Todo queda anulado en un momento binario: on/off. Así que este infierno, no es más que un tránsito que también pasará y del otro lado de la locura quizás se encuentre, quizás la cordura.

En este momento mi abuela agoniza ya al final de su vida del otro lado del mar, mi recién nacida sobrina recibe rayos UV con unos lentes coquetos que ella se empeña en quitarse en Cincinnati, mi hija peina colas de caballos en una granja de Macanao, mi esposo coloca amorosamente piedras en lo que será nuestro hogar, mi hijo patina skate en un lugar de Margarita que quiere parecer urbano, mi casera recoge piedras de su jardín y las bota en la basurera en un vano y desesperado intento de controlar el caos, yo tejo pedazos de oro, de plata sentada ante una Iglesia de quinientos años. ¿Qué sentido tiene todo esto? El único que yo le encuentro es que es bello. Gracias a la belleza ningún infierno es suficiente, ninguna muerte es definitiva, ningún instante es irrelevante. Gracias a la belleza, el ojo del huracán es una manifestación majestuosa y no solo infierno y caos.

martes, 24 de marzo de 2009

Hay días -épocas enteras-



Hay días en que soy extranjera en mi vida
en que el tiempo simplemente pasa
sin huellas
sin olor

hay días en que lo importante es improbable
lo urgente atropella sin pausa

hay días que el agua que corre por mi cuerpo
me duele
las ventanas de mirar hacia fuera
están ciegas
el silencio constante
me grita en el oído
en el que ser
es impreciso
inoportuno

hay días en que respirar es difícil
en que la sal me molesta en los ojos
en que mil kilómetros son infinitos
en que el mar es un abismo
sin fondo
un hoyo en el universo

hay días
en que sencillamente
quiero salir de mi cuerpo
dejar ese cascarón molesto
cerrar la puerta detrás de mi

y adiós.

viernes, 20 de marzo de 2009

historia de amor


él aceituna
ella mantequilla

ella fluida
él nervioso

él abraza
ella se refugia

él pregunta
ella sonríe

él acaricia
ella se derrite

ella lo mira
él la mira

él besa
ella se enciende

él penetra
ella envuelve

él se estremece
ella gime

ella canta
él danza

ella se conmueve
él se asombra

él promete
ella cree

ella observa
él duerme

él respira
ella suspira

ella adivina
él sueña

él duerme
ella se acurruca.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Desnuda descreída derrotada: cavilaciones de fin de año


Esa idea que nos venden de que la vida es una escalera es falsa (tremendo descubrimiento ¿no?). Esa idea sugiere que cada paso que se da es en ascenso y que el siguiente siempre está por encima del anterior. La vida es errática, impredecible, medio loca.

Tengo 41 años. Estoy en la mitad de la vida y me siento como una recién nacida en algunos sentidos. Todas mis convicciones se han puesto a prueba, una a una han ido cayendo hasta dejarme desnuda, descreída. No tengo nada. Ni siquiera el trabajo que he venido desarrollando los últimos 15 años. Mis manos, siempre ocupadas, no encuentran que hacer, en eso consiste mi derrota.

Algunas amigas me dicen que vivir en Margarita es una especie de acelerador del Karma. No se…, me cuesta creer en el Karma, me cuesta creer y punto. Si el Karma existe, no hay necesidad de que crea en él. Como dice Didáctilos, el loco filósofo de Efebia, solo es necesario creer en lo que no existe. El asunto es que esta especie de viaje de Inanna o de Perséfone al inframundo de la economía insular, me ha obligado a despojarme de todo aquello que yo creía necesario. Y me veo ahora…sigo viva, ergo…nada de eso es necesario. No estoy cómoda, eso sí que no. Estoy completamente desnuda. Mi piel se ha endurecido un poco y claro no me duele tanto pero también siento menos placer.

Tengo algunas cosas y son importantes. Tengo amor. Tengo el amor de mis hijos, que me acompañan en todas mis locuras y hasta me las celebran, solidarios. Tengo el amor de mi amor, que es el más grande de todos y con él me arropo ahora que estoy desnuda y tengo frío. Mi familia me apoya en la distancia y a pesar de ella, yo los siento como si estuvieran aquí conmigo. Tengo amigos, aunque algunos de ellos prefieren mirar a otra parte incómodos, pero otros me tienden la mano generosos. Supongo que en estos momentos uno sabe quien es en realidad cada una de las personas que te rodean. La otra cara de la moneda bonchona de Margarita.

Debería estar además de desnuda, descreída y derrotada, desesperada, pero no lo estoy. Es extraño, hay algo tranquilizador en despojarse de tantas cosas. Lo más importante que se siente es ligereza. Queda lo importante, del resto puedo prescindir. Será que soy una optimista patológica, será que en el fondo sí tengo fe. Por lo menos en que si uno persiste en hacer lo que quiere, termina por salirle bien. Será que me gustan los retos y de vez en cuando me pongo en una situación difícil por el gusto de enfrentarlo.
En cualquier caso me toca renacer, rehacer, reintentar. Finalmente yo no soy lo que hago, ni lo que tengo.


Soy…simplemente.

sábado, 20 de diciembre de 2008

miércoles, 12 de noviembre de 2008

lunes, 10 de noviembre de 2008

SPM

Rozo la locura cada mes como si fuera la primera vez. La conciencia no me alcanza para arropar tanta animalidad. Me deslizo imperceptiblemente por un costado de la vida hasta encontrarme en un sitio que conozco muy bien y a la vez siempre me es extraño. Me siento ajena y separada del mundo. Los problemas más insignificantes los miro con lupa y se convierten en monstruos de mil cabezas que me impiden dormir acosándome en el borde de los sueños. El mundo está lejos…allá en el fondo de un telescopio invertido, chiquitico y ruidoso. El tiempo se deforma y me desplazo con lentitud a pesar de que el cerebro piensa con rapidez y me apura. Me pongo impaciente y malhumorada. Creo que nadie me quiere…como hacerlo si soy un bicho kafkiano, incómoda, con patas de más y un caparazón que parece que no sintiera nada pero que todo lo hiere. En pocas palabras estoy loca.
Lo mas pavoroso de ésta locura es que está disfrazada de normalidad. Es natural, dicen, que las mujeres “suframos” este síndrome. Con razón muchas veces el ser femenino ha estado asociado a la locura, las mujeres son histéricas. Alguna dolencia misteriosa asociada al útero. Y yo todos los meses creo que algo grave pasa, que mi vida es un caos por una fracción de tiempo, que no se donde pongo las llaves, los lentes, la cartera y mi propio desorden me aprisiona. Que no puedo ser merecedora del bellísimo amor que mi marido tiene para mí, pues soy una loca insomne y despelucada indigna de cualquier cosa. Mis hijos me sobran y pido silencio.
Quizás lo que no es normal es que tenga que llevar una vida normal en esos días. Que tenga que manejar, trabajar, cocinar y hacer todo lo que la gente menos loca hace. Por eso pido taima, pero bajito, no vaya a ser que me oigan y luego me digan floja. Por eso pido una tregua, pero con mucha vergüenza porque ocurre con mucha frecuencia..
A esto le sigue la sangre y el dolor. Los prefiero a la locura. A veces me da risa, cuando descubro que es solo el Síndrome Pre-Menstrual el que me ha estado molestando. A veces me da tristeza no darme cuenta a tiempo antes de sentirme como un licántropo incomprendido. En cualquier caso respiro aliviada y comienzo otro ciclo, así es la vida.

viernes, 7 de noviembre de 2008

silencio







Hoy necesito silencio
que se callen los tambores de la plaza
los vidrios rotos
las alarmas

que desaparezcan el asfalto y la gasolina
los bolívares fuertes y las transacciones

Necesito que callen todos
los gritos en la mañana
el ruido infernal de la cotidianidad

la perra que le ladra a la noche
el gato afónico
el hidroneumático mugiente

Necesito una tregua
un respiro
un aliento
un chocolate
una siesta
un té
un abrazo

Solo por hoy necesito silencio

quiero sólo oírme

el ritmo inquieto de mi pecho
el murmullo malhumorado de mis tripas

Solo por hoy

Mañana será otro día de ruido